Vamos a ver cuál es la posición más conveniente para dos personas que han decidido desvincularse, tanto para ellos como para sus hijos.

Es fundamental aprender a separarse de forma saludable, sobre todo en caso de que haya hijos de por medio. Aunque ya no aguante más a la otra persona, se haya portado mal conmigo, haya sido tirana conmigo, lo importante sería poder separarnos de una forma comunicativa; llegar a un acuerdo. Aquí dejamos algunas claves para ello.

El divorcio es una etapa diferente

Es muy importante que nos tomemos el divorcio o la separación como un proceso en sí mismo, es una nueva etapa que vamos a vivir con esa persona. Ya hemos vivido la etapa del noviazgo, del matrimonio, de la relación, y hay algo que no ha funcionado bien porque hemos decidido separarnos o bien no nos hemos comprendido a nosotros mismos y al otro.

También puede ser que se haya llegado a esa decisión sin probar antes otras soluciones, como la psicoterapia, la terapia de parejas, el psicoanálisis personal, donde se podría haber aprendido cómo gestionar la relación.

Todo ese proceso de separación, no es rápido ni sencillo porque ahora hay que borrar muchas cosas afectivas, ilusiones, proyectos en común. Un montón de energía que se había puesto en la relación ahora hay que ir desvinculándola de la otra persona. Es un proceso, lleva tiempo, es un trabajo.

 

Aprendemos a separarnos siendo niños

Aprender a separarse es algo muy importante, porque lo hacemos desde chiquititos. La primera separación que un niño tiene que hacer es de la mamá y ésta lo tiene que hacer del niño para que ese niño pueda entrar al mundo. O sea, aunque no nos demos cuenta ya nos hemos separado y de una forma que no es dramática, aunque ahora la vivamos así. Es para acceder a otros lugares.

Lo importante no es el final, sino que es un comienzo, como cuando uno cumple años. Se termina un año, pero lo importante no es eso, es que comienza otro. Es una puntuación y puntuar es dar sentido.

También el proceso de la separación en el divorcio nos permite dar sentido a lo anterior, es decir, si es una separación catastrófica, dolorosa, fatídica, eso va a dar un sentido negativo a toda la relación anterior, mientras que si la separación es amable, adulta, saludable, va a puntuar de otra manera la relación anterior, va a ser otro matrimonio y otra etapa de la vida que hemos vivido y que vamos a recordar de una manera mucho más satisfactoria porque, si no, es como haber estado equivocado un montón de años. Si uno estuvo casado con esa persona, es por algo.

 

Claves para un divorcio feliz:

Es importante pactar

En una relación, lo fundamental son los pactos, para que ésta se prolongue y sea fluida, pero también es importante pactar en una separación, aunque normalmente es lo que se impone a través de un juez, de abogados. Pero sería más importante poder acordar, sin tener en cuenta nuestros sentimientos, nuestros afectos.

Normalmente, ante estas situaciones uno está muy afectado, por eso, para trabajar esos afectos que nos impiden ver con claridad y tomar soluciones efectivas y que sean favorables, aconsejamos acudir a un profesional, a un psicoanalista. Es fundamental para poder no dejarnos llevar por los sentimientos, porque ése es el mayor error que cometemos todos los días, en todos los ámbitos de la vida.

 

Cuestionarse uno mismo

Hablar mal de la otra persona es hablar mal de uno, porque yo elegí a esa persona. Si tuviésemos en cuenta estas cosas a la hora de entrar en conflictos y litigios en los divorcios, en las separaciones, nos ahorraríamos mucho dinero y mucho trabajo. Lo importante sería cuestionarse uno mismo, no tanto cuestionar al otro. ¿Qué he hecho yo para que esta situación llegue a este lugar de conflicto, de maltrato, de desamor? “Es que ya no le quiero como le quería antes”, “le quiero como un amigo”, “parecemos compañeros de piso”.

En estos casos, es como si el deseo estuviera en otros lugares. Para una mujer, dentro de una relación es importante sentirse bien tratada, con cariño, amabilidad, tenida en cuenta. Igual que para el hombre es importante sentirse deseado. Son dos cosas que, si se descuidan en la relación, terminan llegando a una separación incipiente, porque es así, no es posible que sea de otra manera. Igual que el ser humano se alimenta de unas cosas, el amor se alimenta de otras y si no le damos esas cosas, si no damos de comer al amor, el amor se va.

Cada uno de los miembros de la pareja está afectado por sus propias cuestiones personales, que en muchas ocasiones se confunden. Está triste y eso lo atribuye a la relación de pareja, a que el otro no le da lo que quiere, pero a lo mejor esa tristeza hay que analizarla y ver de dónde proviene. Quizá tenga su origen en un conflicto más interno. A veces se confunde lo que proviene de uno con lo que tiene que ver con la relación de pareja.

 

Reconocer las posiciones psíquicas

También está esa cuestión de que se tome a la pareja como si fuera el padre o la madre. Qué lugar ocupamos cada uno dentro de la relación va a determinar mi manera de dirigirme a esa persona, mi comportamiento. Si soy la nena frente al papá, me va a dar rabieta, voy a ser caprichosa, me voy a poner tontorrona, demandante todo el tiempo. Cuando se supone que soy una mujer, y una mujer lo que tiene que hacer es dar, igual que el hombre, en posición adulta tiene que dar. No se trata todo el tiempo de esperar recibir, porque esa posición es muy infantil frente al papá o la mamá, y no conviene llegar a esos niveles de desastre emocional, ya que genera mucha frustración, mucho malestar, mucha agresividad.

Además, si ha ocurrido la intervención de un tercero en la relación, puede producirse hostilidad, odio, un deseo de venganza en las parejas. Si uno no es capaz de separarse de ese rencor, es muy difícil poder gestionar el proceso de separación, porque se aprovecha la más mínima oportunidad para vengarse del otro, y es que también hay un goce en eso. Si se ha llegado a esa situación es porque de alguna manera la pareja está gozando de esa manera de relacionarse, y es un goce perverso.

 

Vivir en el presente, no en el pasado

Lo importante siempre es el futuro, los siguientes pasos. Hay parejas que llegan a las consultas destruidas emocionalmente, sin ninguna esperanza, sin ninguna ilusión de que eso pueda seguir adelante. Y es que hay parejas que no van a cambiar, que quieren seguir teniendo razón, que están puestas en ese lugar donde es inamovible lo que piensan (“porque lo que me hizo hace veinte años no se lo voy a perdonar jamás”).

Pero si yo soy capaz de entrar en otra dinámica y darme cuenta de que el pasado no se puede transformar yendo al pasado, porque no se puede volver al comienzo, desde el futuro sí podemos dar una nueva forma a ese pasado. Depende de lo que haga a partir de ahora. Soy fumador, dejo de fumar y dejo de ser fumador. Es así de simple.

A veces se vive en el pasado porque, si todavía no se ha perdonado, si no hemos elaborado aquella cuestión que pasó hace veinte años, estamos viviendo como en aquel momento. Se elaboran esas cuestiones que habían quedado sin elaborar y eso permite avanzar y posicionarse en el momento actual, donde aquello ya no tiene tanto sentido, o tiene otro sentido. Han pasado veinte años y han pasado otras cosas que, por quedarnos detenidos en aquello, ni siquiera hemos tenido en cuenta.

 

Saber que somos cambiantes

Recordemos esa frase de Menassa que dice: “No me deja crecer. Me quiere asesinar. Me mantiene en palabras anteriores”. Cada vez que no soy capaz de permitir al otro que sea alguien distinto frente a mí, lo estoy queriendo aniquilar, no le dejo crecer, desarrollarse como ser humano. Es, también, negar que yo puedo crecer y desarrollarme y ser otro diferente. La gente llega a la consulta diciendo que no se puede cambiar. ¡Si vieran la cantidad de personas que vemos cambiar diariamente!

Nosotros mismos cambiamos constantemente, si estamos bajo ese pensamiento. Si estamos bajo el pensamiento de que no se puede cambiar, no cambiamos. Queremos seguir teniendo razón, otra vez ahí, enquistados. Eso enferma, nos lleva a una posición un poco melancólica, porque no querer aceptar que algo se transformó, que algo se fue para que pudiera venir algo nuevo… Quedarse anclado en el pasado es una posición melancólica que produce mucho dolor. Si no se puede dirigir hacia el otro, se dirige a uno mismo y lleva a un desenlace muy patológico.

 

Analizar la agresividad

La agresividad es muy necesaria para vivir, pero si no la hablamos, si no la transformamos con nuestra capacidad humana que es el lenguaje, se vuelve contra nosotros mismos. Puede provocarnos un daño real, orgánico en el cuerpo. Es muy importante tener en cuenta que hablar limpia el alma. Elaborarlo, hablar, pasar por la palabra todas esas cosas que uno piensa en este momento en el que ya ha tomado la decisión de separarse es muy importante para los siguientes pasos, con la seguridad de que estamos haciendo algo saludable para nosotros y nuestros hijos, si los hay.

 

No utilizar a los hijos contra el otro

Los niños y los adolescentes son capaces de afrontar cualquier situación mucho mejor que nosotros, porque tienen menos prejuicios, menos ideas, menos construcciones de lo que debería ser o cómo debería ser. Son más libres psíquicamente hablando. El otro día me decía un hijo: “mamá, ¿por qué papá y tú no os separáis?» Sin venir a cuento, porque tiene amiguitos con padres separados. Le digo ¿por qué? y me contesta: “Así paso una semana con uno y otra semana con otro”.

Son capaces de elaborar cualquier situación, son cosas tan cotidianas que ya no son tan dramáticas como serían para uno mismo. Tenemos demasiadas ideas de que la separación provoca daños en los hijos, eso es mentira salvo si utilizamos a los hijos para atacar a la otra persona. No se puede utilizar a los hijos, no se puede utilizar a nadie.

En ese momento, quizá también los niños se encuentran en un punto de su constitución psíquica en que desearían estar solo con su mamá y que el papá desapareciese. La mamá no puede utilizar ese momento en que se encuentra el niño para que juegue a su favor, porque le está haciendo un flaco favor. Para el niño es importante que el papá esté también, poniendo los límites de la ley paterna. Por muy mal que se lleve con su marido, el niño necesita que esa figura esté ahí, que le hable de él, que sepa que tiene padre.

 

Detectar el mecanismo de proyección

Por otro lado, tenemos que saber que muchas veces utilizamos el mecanismo de proyección contra la pareja para volcar sobre la relación cosas que nada tienen que ver con el otro. En las separaciones se ve mucho, hay algunas muy dramáticas donde se ve claramente que uno de los miembros de la pareja está repitiendo su propia historia infantil: «mi padre se fue y voy a hacer que el otro sufra, porque como no he podido gestionar de una forma productiva todo eso que me pasó a mí, no lo he trabajado, no lo he entendido, no lo he podido transformar, ahora voy a trasladar todo ese malestar, al otro». Convierto la separación en un infierno porque fue el infierno que yo viví.

La relación que los padres tuvieron es muy importante para uno, porque fue el primer modelo social donde nos criamos. Esa relación de los padres, de alguna manera, se plasma en nuestro imaginario como la relación normal entre una pareja, cuando no es así. Cada pareja tiene una manera diferente de relacionarse, pero si uno no ha sumado otras concepciones sobre la relación de pareja, es lo que más arraigado está en uno, y tiende a repetir la relación que tuvo con sus padres.

 

Evitar repetir los esquemas familiares

El mecanismo de repetición que utilizamos constantemente es algo muy saludable porque nos ayuda a aprender, a fijar en nuestro aparato psíquico, en nuestro inconsciente, todo el conocimiento que vamos recibiendo y todo lo que nos interesa del exterior. Pero cuando uno utiliza ese mecanismo en contra de uno mismo, es algo dañino.

Hay muchos conflictos en las parejas, con las familias políticas, que llevan a la separación. Cuando se produce el encuentro de las diferencias entre dos familias, lo que se juega es la tolerancia frente a la diferencia. Cuando uno ve que la madre del otro hace lo que su madre no hace, no le gusta y, como no le gusta y no lo asume como propio, lo proyecta.

Muchas mujeres repiten con su primer marido la relación fatídica que tuvieron con la madre. Luego vemos que en el segundo matrimonio es más pacificador porque repite la relación que mantuvieron con el padre. Es curioso cómo todos los mecanismos inconscientes actúan. Se ve, en la relación de pareja, cómo la relación con la madre es algo tortuoso, o que la madre es una enferma o que se convierte en algo espantoso para esa mujer. No es que esto sea determinante y vaya a condicionarme siempre, sino que desde que ejerzo esa repetición podemos interpretar que está en relación con la madre.

 

Saber que amor y odio son dos caras de la misma moneda

Cuando la separación es una tortura que dura cinco años es porque hay algo que me hace querer seguir manteniendo a esa persona conmigo, porque el amor y el odio siempre van emparentados, son como dos caras de la misma moneda. Cuando el odio se intensifica mucho, es porque el amor se está reprimiendo. Pero hay un amor igualmente intenso que no se acepta y se está reprimiendo inconscientemente. Cuando hay un amor muy exagerado es porque también hay un sentimiento de odio y de hostilidad reprimido.

Todo esto quiere decir que las cosas que nos pasan tienen una sobredeterminación inconsciente. Lo que pasa y lo que parece que pasa tienen otras cuestiones latentes que, si no nos animamos a analizarlas, no tenemos acceso a ellas. Conocerlas nos va a ayudar a realizar el proceso de la separación y del divorcio de una forma mucho más civilizada, mucho más pacífica, emocionalmente gestionada.

Cuando se produce una separación saludable, sin problemas, podemos interpretar que esas dos personas se amaron porque, cuanto más patológica ha sido la relación, más dramática es la separación. Estas separaciones tan patológicas son porque todavía no se tiene en consideración al otro, siempre pensaron que eran uno. Cuando son capaces de dialogar, de conversar, de llegar a pactos, acuerdos, la situación es muy distinta, el proceso es menos agresivo.

 

Es importante la plasticidad psíquica

Hay casos donde, por ejemplo, un hombre que ha tenido tres matrimonios, adora a las tres mujeres, y eso es muy saludable, que hable bien de ellas. Es otra concepción del matrimonio. Existen muchos prejuicios en relación con el amor, con amar a varias personas, hay prohibiciones sociales, pero una cosa es la prohibición y otra cómo es la naturaleza del ser humano. El ser humano es capaz, y de hecho es bastante saludable, de amar a varias personas, diferentes proyectos, actividades, porque eso nos enriquece y hace más difícil que enfermemos, porque si se estropea una relación, hay otras.

Es muy recomendable cierta plasticidad psíquica, de permeabilidad, en lo psíquico. Un amor no tiene que ser exactamente como yo lo pienso. Eso a veces es un drama, llegar a una relación donde quiero que el otro sea como yo impongo y, si no lo consigo, termino separándome. Pero es imposible que el otro sea como uno quiere y, si me empeño en ello, acabo anulando, sometiendo al otro, es decir, ya no hay otro. Está utilizando el modelo de lo que le gustaría ser, de lo que es o de lo que fue en el pasado. O quiere que sea como su papá o su mamá o todo lo contrario a ellos. Ya no hay otra persona con sus diferencias, con sus características, con su manera de amar, con todos los amores anteriores que tuvo.

 

¿Por qué contar las relaciones anteriores? 

Otra cuestión importante es que eso de contarle las relaciones anteriores a la pareja, ¿para qué sirve? ¿Queremos incentivar deseos o fantasías o pensamientos que en un principio pueden ser graciosos, pero que luego van a ser utilizados en contra?  No solamente durante la relación, sino también en el momento de la separación.

“Es que me contó que veinte años antes de conocernos…” y tienen 50. Lo mismo con las nuevas relaciones que están teniendo ahora que han decidido separarse, ¿para qué contarlas? No conviene, porque el otro también es un ser humano, tiene narcisismo, sentimientos.

Los sentimientos hay que analizarlos porque siempre son engañosos, nos afectan y nos impiden dar los pasos más adecuados. Si uno se guía por los sentimientos, se va hacia el lado más agresivo. Es mejor analizar esas cosas personalmente, con psicoanálisis, y dejar que la realidad se vaya produciendo.

Cuando decimos analizar, no es en soledad, hay que acudir a un profesional, porque lo que uno mueve dentro de sí mismo es siempre lo mismo, no hay ruptura. Es muy difícil salir de esa situación tan compleja de enquistamiento. La libido está jugada en ese rencor, en esa separación, en esa justificación.

Los humanos necesitamos justificar cualquier cosa. Ante una separación justificamos todo. Espolvoreamos lo que haga falta para justificar que yo tengo razón y que me voy de esta relación. Ahí esparzo porquerías sobre la familia, los amigos, los hijos, sobre cualquier cosa.

Es algo muy ilusorio, porque eso es lo que uno ha montado sobre la situación, que no va a coincidir nunca con la visión que ha construido el otro, ni los familiares. Cada uno es una construcción psíquica, no es una verdad, con lo cual, si hacemos una construcción que nos permita 

explicar las cosas de una manera saludable, nuestra vida también va a ser más saludable.  

 

No utilizar el dinero como arma

Por otro lado, igual que no se puede utilizar a los hijos como medio, arma o herramienta de ataque, tampoco se puede utilizar el dinero como medio, arma o herramienta de ataque para someter al otro y obligarle a permanecer a mi lado porque, si no, no va a tener dinero. Llegar a creer que, si me separo, no voy a poder construir una realidad económica para sostenerme. Tampoco el sexo se puede utilizar como premio o castigo para gestionar lo dramático de la separación, hay que tolerar todo de una manera más fluida.

Justo ahora, que están las negociaciones para lograr pactos económicos de quién va a aportar, quién se queda con qué, eso genera muchos conflictos. Hay casos en que uno dice “a mí me da igual, lo que me interesa es que todo vaya bien, no tener problemas, que se quede con lo que quiera”, y otros que luchan para sacar el máximo partido de la separación. Es recomendable alejar los afectos, cada uno se tiene que construir ahora otra realidad posible, partiendo de los datos de la realidad.

Con el dinero se ve claro si se han querido o no, porque si yo he amado a la otra persona, no quiero que quede en mala posición, si soy yo el que ingresa la mayor parte del dinero en la familia. Además, hay que tener en cuenta que lo que se produce económicamente en la relación tiene que ver también con la relación, no es algo individual. Un hombre que es capaz de generar una producción económica importante junto a una mujer, aunque ella no trabaje, ella también está implicada en esa producción económica.

Somos muy simplistas si pensamos “es que lo he hecho yo, yo he trabajado, me he levantado…”, pero ¿qué le motivaba a hacer todo eso? El amor es muy importante para trabajar, ganar dinero, darle al otro. A veces ocurre que, cuando se separa la pareja, empieza a haber problemas con que él tiene que pasarle a ella cierta cantidad porque ella se queda con los niños, y puede pasar que no se cumple con el pacto. Ahora, con la custodia compartida, es un poco diferente, pero también sucede.

La función padre es quien provee a los hijos de los recursos necesarios para vivir, estudiar, crecer, quien asegura la supervivencia de ese ser, ya sea el padre o la madre quien ejerza esa función. Podemos decir, aunque suene frívolo, que el padre es una cuenta bancaria. Es quien posibilita que los hijos tengan salud, educación, todo. Hoy en día, a veces los papeles se ven cambiados, pero eso no influye, porque son funciones, no son personas. A veces la función padre la ejerce la persona mujer de la familia y a veces la función madre la ejerce el hombre.

 

Saber que los hijos son del mundo

Y los hijos no son de ninguno de los padres. A veces se dice: “son tus hijos”, “tú te has quedado con tus hijos”, como si fuesen de ella o de él. Los hijos son del mundo, y la función de la familia es reproducir la especie, cuidar a los hijos los primeros años de vida en que no se pueden valer, cuando se están formando. No pueden salir al mundo todavía, pero una vez que eso se produce hay que dejarlos partir, no son una propiedad, son la producción de un pacto entre un hombre y una mujer.

Los hijos también son proyectos, pero que tienen que crear ellos. Nosotros podemos acompañarlos, facilitar la producción que hagan los hijos, estar ahí en la medida que ellos nos reclamen, nos necesiten. Solamente se puede intervenir cuando peligra su salud, su vida. Mientras tanto, hay que dejarles que crezcan, se equivoquen, suban, salten, se caigan, estudien, tengan dificultades en el estudio, etc.

Los hijos necesitan generar confianza en ellos mismos, autonomía, independencia. La sobreprotección no genera autonomía en los niños, genera mucha dependencia y mucha exigencia en ellos. Mejor dejarles que se equivoquen, que crezcan. Lo que pasa que los padres somos tan narcisistas que no queremos que se equivoquen.

Y el proyecto que uno no tuvo, a veces quiere que sea su hijo el que lo haga ahora por él. Pero los niños tienen su vida, son seres humanos con su propio camino, sus preocupaciones, sus ilusiones, sus proyectos diferentes a los nuestros. Eso pasa también en la separación: como yo sufrí en la separación, no quiero que él pase por lo mismo y, como me empeño tenazmente en que él no pase por lo mismo, al final termino haciendo que pase por lo mismo o peor.

 

La idea de completud, una fantasía infantil

A veces hay un sentimiento de haber sido engañado en la pareja. Lo que me prometió el otro no me lo dio. Ella me prometió amor, después tuvimos un hijo y ahí ya se quiso separar. En eso de ser engañado, habría que preguntarse si uno no se dejó engañar. Nadie puede engañar a nadie. Hay muchas relaciones que se separan después de tener el primer hijo y esto tiene una explicación psíquica que es compleja. Es una situación donde la mujer y él se prestan a darse ese hijo, pero eso era lo único que querían de la relación.

La especie sobredetermina al hombre y a la mujer, porque lo único que le interesa es continuar perpetuándose. Y eso nos pasa a todos, somos sujetos humanos y mortales, con lo cual la procreación siempre está ahí. Pero hay un momento psíquico donde eso que uno no tiene, que anhela, lo sustituye por tener un hijo, como si diera respuesta al deseo de tener algo que no ha conseguido porque es imposible obtener. Entonces, ahí uno siente una decepción con el otro.

A veces, las mujeres, cuando tienen el hijo, tienen la ilusión de tener eso que querían. Lo que querían era tener otra cosa que psíquicamente es importante: esa completud, eso que me completa. También provoca muchas separaciones, cuando uno quiere que el otro le dé lo que no tiene, que le complete. Si uno quiere sentirse completo, recomendamos no iniciar ninguna relación, porque la relación no es para completarse. Uno tiene que trabajar y aceptar que no se puede completar, que somos seres humanos incompletos, imperfectos. Cuando uno acepta eso, puede compartir un proyecto de vida con alguien.

Y se puede enriquecer a su vez de la vida de la otra persona. Si yo soy feliz, amo el mundo, amo la vida y llego a encontrarme con mi pareja, voy a poder hacer feliz a mi pareja con esa felicidad mía, la voy a poder compartir. Pero no es que ahora toda la vida de mi pareja tiene que ser hecha conmigo. Empieza en uno mismo. Si yo soy capaz de amar la vida, de amarme viviendo, de disfrutar de todo eso, puedo tener una relación. Si espero que la felicidad, que el amor, que lo que me falta venga de fuera, es un sufrimiento. Al principio hay algunos hombres y mujeres que eso les hace gracia: “yo te voy a dar, amor mío, todo lo que me pidas y más”. Mentira, eso dura una temporadita porque es imposible, es para seducir al otro.

Es que, encima, lo que me pides no te lo puedo dar porque tiene que ver con esa completud, esa inmortalidad que jamás vamos a poder tener. Es una ilusión que proviene de cuando éramos pequeños, nuestra mamá nos daba todo, nos salvó la vida. Nosotros llorábamos porque teníamos hambre e inmediatamente nos daba la teta o nos daba calor, nos acunaba, nos acurrucaba. Y eso ya pasó, era un momento donde necesitábamos sus cuidados.

De aquí también viene esa cuestión de que el otro adivine lo que nos pasa. Muchas separaciones se producen por esa demanda de que el otro tiene que saber. Si no hablo, es imposible que el otro sepa lo que quiero. No nos conocemos, tenemos que hacer el trabajo, no de querer conocernos, sino de querer desconocernos, eso sería lo más saludable. Encontrarte con un ser humano distinto cada día. Así no hace falta irse a buscar otros hombres ni otras mujeres. Si yo me levanto cada día con un hombre distinto o una mujer distinta, siendo mi mujer, es una maravilla.

 

Es vital acudir a terapia para una separación exitosa

Hay cosas muy difíciles de cambiar si no es con terapia y con la decisión de querer cambiarlo porque, si no, se van repitiendo inconscientemente, sin que uno se dé cuenta. De ahí los sentimientos de venganza, de atribuirle al otro malas intenciones. Es mejor psicoanalizar esas cuestiones para este proceso que no sabemos cuánto va a durar, si van a ser unos meses o algo rápido, un año o si va a llevar más tiempo.

Si tienen hijos de por medio, va a durar toda la vida, porque hay que comunicarse para la conveniencia de esos hijos. Va a haber decisiones que tomar en común, ya que socialmente todo está estructurado para que sean el padre y la madre los que autoricen cualquier cuestión. Mirar por la conveniencia de los hijos es mirar por su crecimiento, por su desarrollo, su salud, su bienestar. Con límites, por supuesto. No se trata de dar ahora todo lo que los niños pidan.

Hay que poner límites a la voracidad del odio, rabia, rencor, destrucción a la hora de separarse y hacerlo pensando en el bienestar de todos. La situación de pareja no tiene por qué ser mejor que la de separados. Y es posible que una separación haga que nos acerquemos más. Eso también pasa, a veces, hay parejas que se casan y se separan varias veces entre ellos. Hay múltiples maneras de amar y, por tanto, muchas maneras de separarse, tantas como parejas sobre la tierra.

A veces hay que separarse para poder ver al otro. Por eso, antes de llegar a un divorcio o a una separación legal, recomendamos separarse psíquicamente, tomar distancia del otro, porque eso va a hacer que veamos con más claridad las cosas, incluso tomar distancia de uno. Y eso se consigue en análisis.

A veces la pareja dice que se quiere separar una temporada para pensar. Pues poder pensar es separarse de uno mismo, poder verse desde otra dimensión que es la dimensión de la palabra. Cuando uno habla libremente, ahí empieza a conocer quién es verdaderamente, qué es lo que está pensando de la situación.

Hablar es hablar con un psicoanalista, porque es una mirada objetiva, sin prejuicios, porque esa es la condición del profesional, escuchar de una manera abierta para que uno pueda hablar, se pueda conocer. y ahí, empezar a conocer más la realidad en la que vive. Cuando uno se deja hablar, se producen cosas alucinantes, y es mejor eso, antes de llegar a la destrucción.