Todos hemos oído y repetido esta pregunta: «¿Qué tal las vacaciones?» Y su consiguiente respuesta: «Bien, estando de vacaciones siempre bien». Es decir, que asociamos las vacaciones con estar bien, pero esto no siempre es así, ni para todos. Aunque nos sorprenda, hay gente que odia o teme las vacaciones.

Y es que no siempre son sinónimo de disfrute y placer. Y esto le ocurre a un porcentaje importante de la población: que las vacaciones son un disgusto en lugar de un gusto.

Vamos a ver por qué ocurre esto.

 

EL ORIGEN DE LAS VACACIONES

Las vacaciones son necesarias, para descansar y retomar la siguiente temporada con energía. Hay evidencias a lo largo de los siglos. Hasta la propia tierra de cultivo necesita descansar para recuperarse y almacenar materia orgánica, práctica conocida como barbecho. Las vacaciones, descanso anual, tienen su origen en la palabra latina “vacans”, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado. Comparte sus raíces con las palabras vacantes, vacío, vaciamiento.

Es decir, es la suspensión de actividades normales, vaciarse de tales actividades, para dejar atrás tensiones y ansiedades, y recuperarse. Es un periodo de regeneración.

Los historiadores coinciden en que el concepto de vacaciones, tal como lo entendemos hoy en día, es relativamente reciente. Surge principalmente en el siglo XIX con la industrialización y la aparición de las clases medias. Antes de esto, las pausas en el trabajo estaban a menudo vinculadas a los ritmos agrícolas o religiosos (días festivos, domingos). Hay que destacar la importancia de las revoluciones industriales en la estructuración del tiempo de trabajo y ocio.

Con la industrialización, las condiciones laborales se endurecen y la necesidad de pausas se vuelve crucial. Los historiadores señalan que es en el siglo XIX cuando comienzan a aparecer las primeras legislaciones sobre vacaciones pagadas, en respuesta a las luchas obreras.

Actualmente, la legislación española señala 30 días naturales por año, de vacaciones obligatorias, no sustituibles por dinero.

Hay que añadir que las vacaciones no son solo un tiempo de descanso, sino un fenómeno complejo que evoluciona en función de los cambios socialeseconómicos, culturales. Reflejan las transformaciones de la sociedad y juegan un papel importante en la manera en que los sujetos y las comunidades se perciben e interactúan con el mundo que les rodea.

 

BENEFICIOS DE LAS VACACIONES

En vacaciones se reduce el estrés que nos acompaña en la vida cotidiana, producido por las obligaciones laborales, la rutina familiar, la necesidad de hacer muchas cosas a lo largo del día, etc.

Es por esto que permiten disminuir los niveles de cortisol y liberar hormonas de la felicidad como la serotonina y la dopamina, previniendo el agotamiento emocional.

Además, posibilitan una desconexión de la rutina, pudiendo ejercer otras tareas para las que, en general, apenas tenemos tiempo: leer, viajar, ejercer otras aficiones personales, etc.

Según el psicoanálisis, toda interrupción, como las vacaciones, porque es interrupción del placer, representa el Goce. La interrupción del goce primordial con la madre es vital para la constitución del psiquismo humano. Permite cambiar al goce humanizado de la palabra.

El placer, la tendencia al equilibrio, cada vez que se interrumpe -y es la muerte la que interrumpe- produce goce. Es estrictamente revolucionario el goce, porque implica la muerte como concepción e implica al otro. Es decir, implica el mundo terráqueo, el que goza es un terráqueo, un ser humano. Y para ser un terráqueo hay que conformarse con ser un elemento transitorio de la cadena. Si aceptamos esto, la mortalidad, podremos tener una vida más o menos satisfactoria.

 

CAMBIOS QUE PUEDEN CONVERTIRSE EN DISGUSTO

  •  Se modifica la rutina, lo cual puede desestabilizar nuestro aparato psíquico, nos sentimos desprotegidos. Estamos obligados a pensar en qué emplear el tiempo, a inventar permanentemente maneras de entretenernos. Cuando el ocio no está previamente planificado, se produce una situación de «caos» mental, podríamos decir, que afecta a la manera en que funciona nuestro organismo.
  • Esto puede provocarnos ansiedad. Y es que, en vacaciones, ya estemos en casa o en otro destino, no tenemos que trabajar, hay más tiempo libre. Escapar a la rutina diaria es algo que parece siempre deseable, pero a veces puede provocar en nosotros un vacío, un no saber qué hacer. Nos atrapa el aburrimiento, y es algo que conviene saber gestionar, para evitar «soluciones» que no nos convienen.
  • Los niños no tienen colegio, lo cual implica un mayor tiempo de convivencia familiar en el que, a veces, los padres tienen que hacer equilibrios para mantener sus obligaciones, y esto puede generar roces o malestares en casa.
  • En vacaciones, también, aumentan las reuniones familiares, con personas que no son habituales: hermanos, abuelos, tíos, sobrinos o cuñados. Y esto a veces puede producir un aumento del stress que no estamos acostumbrados a procesar.
  • Siempre se asocia el stress al ritmo de trabajo, a las obligaciones que nos absorben durante todo el año. Pero también, a veces, los afectos ligados a reencuentros familiares, ya sean gratos o ingratos, pueden llevarnos a una situación difícil de gestionar.
  • A veces, si somos un poco adictos al trabajo, también puede existir un sentimiento de culpa inconsciente por irnos de vacaciones, que nos obliga a autocastigarnos, a tratarnos mal. La culpa es un afecto muy mal tolerado, busca permanentemente un castigo para calmarse, y si no lo encuentra, lo fragua. Todo premio o satisfacción que la vida nos ofrece, como las tan merecidas vacaciones, aumenta el sentimiento de culpabilidad y el desasosiego que lo acompaña, y busca castigo de la forma que sea.
  • Cambio de dieta: En épocas de calor se cocina menos, puesto que no apetece demasiado acercarse a hornos o fuegos. Se tiende a recurrir a precocinados y comidas preparadas, que tienen un aporte calórico muy superior. Este cambio de dieta se acentúa cuando estamos fuera de casa, en algún lugar de vacaciones, donde damos rienda suelta a nuestras tentaciones culinarias, más contenidas a lo largo del año.
  • Desarreglos en los horarios, que se traducen en más horas de sueño, más comidas de lo habitual, más picoteo aislado. El ciclo de ingestión de alimentos y el metabolismo se alteran. Cuando no están sincronizados debidamente, el resto de nuestra maquinaria no encaja bien sus propios engranajes.

 

EN PSICOANÁLISIS TODO DEPENDE DE CÓMO SE USEN LAS COSAS

 

Es importante que nos demos cuenta de los mecanismos psíquicos que nos hacen sentir las cosas de esa manera, porque podríamos analizarlas y, con ello, hacer que todo fluyera de manera menos agresiva, más amable para nosotros y para los que nos rodean.

Como sujetos psíquicos, somos sujetos divididos en consciente e inconsciente. Lo que hace bien a un sistema, al sistema consciente, por ejemplo, a veces no le hace bien al sistema inconsciente. O al revés. Lo que es goce para el sistema inconsciente, es malestar para la conciencia. Y esos conflictos que surgen en nosotros son los que provocan trastornos graves en la realidad.

Hay que poder vivir acorde con uno mismo, y eso quiere decir aceptar que tenemos deseos inconscientes. Que somos sujetos divididos, que tenemos deseos a favor y deseos en contra; que hay una parte inconsciente en nosotros de la que no sabemos nada y, sin embargo, es la parte más determinante en nuestras vidas.

Si en vacaciones podemos poner un punto y aparte, disfrutar de ser otros en ese tiempo, después volvemos al trabajo revitalizados, con ilusión, renovados en el deseo.

Y para eso, la terapia psicoanalítica es un instrumento altamente eficaz, que nos permite puntuar nuestra vida y poder gestionar de manera satisfactoria nuestros afectos, miedos y dudas.

 

Las vacaciones son un excelente momento para iniciar ese camino que nos lleve a un mayor grado de autoconocimiento y autotransformación.

Con psicoanálisis, podemos liberarnos de la tiranía que nos imponen los sentimientos y que somos incapaces de detectar sin ayuda.

Si uno está en análisis, puede construir su humanidad, porque aprende cómo funcionan sus propios procesos inconscientes y, además, escucha y ve de otra manera lo que sucede a su alrededor.