La maternidad y la paternidad son funciones que se construyen en nosotros. Todo el mundo tiene un padre y una madre en sí mismo, más allá de que tenga o no tenga hijos biológicos.

UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA

Es muy importante que podamos afrontar la llegada de un nuevo ser al grupo, a la familia, a la pareja, de una manera saludable para que pueda tener un crecimiento óptimo y no interrumpamos, con nuestro narcisismo, o con nuestra manera de hacer, o con nuestras ganas de tener razón, o de imponernos, o de nuestros conceptos adquiridos o formas de relacionarnos aprendidas, el crecimiento de ese nuevo ser que evidentemente va a venir a perturbar un orden ya preestablecido en primer lugar.

Hay cosas que no nos cuentan cuando somos padres. ¿Qué pasa cuando se decide tener un niño y ella se queda embarazada? Hay una gran cantidad de energía psíquica, energía emocional y mental que tiene que estar puesta en eso, en esa nueva producción.

Tenemos que pensar que el embarazo es una creación, es un proceso creativo. Estamos creando una vida diferente, nueva, desconocida. No sabemos cómo va a ser. Además, barajamos un montón de incertidumbres en el proceso del embarazo: ¿va a salir bien? ¿va a tener todos los deditos? ¿y cómo va a ser? ¿a quién se va a parecer? Todas esas cosas, sin darnos cuenta, nos condicionan un poco este proceso. Tenemos que aprender a tolerar todo el tiempo del embarazo para que sea muy saludable.

 

EL EMBARAZO

Hay que tolerar que ella tenga, en esos meses de embarazo, todo su amor puesto en ello. En ese proceso de creación ella está trabajando para la especie. Sufre muchas alteraciones, muchas sensaciones nuevas, desconocidas, que él va a recibir de una manera sorpresiva, porque lo que no pasaba hasta ese momento, empieza a pasar, o pasan cosas diferentes o nuevas, o lo que llamamos antojos. Hay impulsos o pulsiones nuevas en esa persona que van a venir a perturbar, o a incluirse, en el orden de la pareja.

A veces a él eso le produce ciertos celos. Hay que tener tolerancia durante esos meses porque ella puede que se aleje un poquito de la relación de pareja. O que se acerque mucho, porque también el embarazo es un proceso donde se produce una gran excitación. Esto es importante porque hay muchas parejas que interrumpen las relaciones sexuales durante el embarazo, muchas veces por temor de dañar el feto.

Existen muchos prejuicios y un montón de ideas acerca de eso, sobre todo en él. ¡Cómo va a penetrar a su mujer, si puede hacerle daño al bebé que está dentro! Ese tipo de fantasías que surgen durante el embarazo en relación con la sexualidad.

Aunque en realidad, pueden mantener relaciones sexuales libremente durante el período del embarazo porque no hay nada que marque que está contraindicado, a no ser que sea un embarazo de riesgo y hayan sido aconsejados por el ginecólogo. Los inconvenientes que surgen durante el embarazo, en muchas ocasiones, son por cuestiones psíquicas: esos vómitos incontrolados, esas náuseas pueden ser indicativos de cierto rechazo psíquico a lo que está pasando.

Porque es una novedad. En todos nosotros se tiene que construir esa función padre y madre. De alguna manera en nuestra constitución psíquica ya está construido, pero puede que eso no se haya ejercido. Como es una novedad, tiemblan esos significantes en uno, aparecen cuestionamientos inconscientes frente a la llegada de este nuevo ser en él, y en ella también. Va a tener que cuidar un nuevo ser. En esa madre que hay en ella van a aparecer cuestionamientos, inconscientemente muchas veces. Es un momento crucial en que pueden darse problemáticas en la relación de pareja, donde hay dudas e incertidumbre. Es un momento muy importante para la pareja, psíquicamente hablando.

Este proceso de creación llega un momento en que se termina; llega el parto. Toda mujer que ya está trabajando para la especie tiene un saber inconsciente. Hay veces que nos llenan de información, nos dicen cómo ha de ser, qué tenemos que hacer, cómo tenemos que respirar, cómo tenemos que comer, que deberíamos descansar, que tenemos sueño… Hay un montón de prejuicios, de ideas en torno a ese periodo del embarazo. Si nosotros entramos en ese proceso, deberíamos dejar que nos pase lo que nos tengan que pasar; a lo mejor ocurre algo totalmente novedoso o no nos pasa nada.

La especie tiene una sabiduría. Si uno trabaja para ella, todo acontece como tiene que suceder, pero cuando se interpone el psiquismo, cuando se interponen nuestros deseos inconscientes, miedos, dudas, las frases de mamá, de las amigas, lo que nos decían, las fantasías infantiles que tenemos acerca de tener un hijo, ahí aparecen las problemáticas.

 

CUANDO ELLA NO SE QUEDA EMBARAZADA

Cuando no se produce un embarazo, es como si la especie te dijera que esperes un poco. La mayoría de los casos de infertilidad son psíquicos. Muchas veces, cuando la pareja deja de intentarlo, es cuando se queda embarazada, o cuando acude a tratamiento psicoanalítico. Cuando se relaja.

Cuando los pacientes vienen y empiezan a hablar, a relajarse, a quitarse angustias, temores, ahí se quedan embarazados. Porque hay una interposición de todos los aspectos psíquicos. También en los casos de mujeres que durante muchos años han tomado medidas para no quedarse embarazadas hay un deseo de no embarazarse y de repente cambian. Eso cuesta, hay que hacer un trabajo psíquico.

Todo ese periodo de búsqueda, que se convierte a veces en un delirio, no tiene que ser algo a encontrar, sino que uno tiene que desarrollar su sexualidad para producir una satisfacción, un goce. Porque si uno usa la sexualidad para otra cosa que no sea para gozar, no va a poder tampoco producir un embarazo. Si una está muy pendiente de quedarse embarazada, de buscar los días, hasta puede producir una impotencia.

Además, está el hecho, en ella, de que va a darle un hijo a él; entonces, si hay ciertos conflictos, cierta ambivalencia afectiva hacia la pareja, es difícil. En él está la cuestión de que para tener un hijo primero debe tener una mujer, tiene que poner a la mujer en esa posición porque, si no, no puede dejarla embarazada.

También está la cuestión de la mortalidad de los sujetos. No podemos tener hijos sin el otro, por mucho que haya fecundación in vitro. Siempre necesitamos el semen de la otra persona, o una mujer, para que su hijo sea creado. Se pone de manifiesto la diferencia sexual y por tanto la propia mortalidad; necesitamos del otro.

Y eso nos cuestiona. El doctor Menassa dice que la mujer lo que reclama es su libertad sexual y el hombre su libertad de procrear, porque necesita una mujer para hacerlo. Somos libres si aceptamos que necesitamos a los otros, que somos humanos, mortales y que necesitamos a otro ser humano para todo.

 

QUÉ PASA CUANDO NACE EL NIÑO

Aquí viene lo que nadie nos cuenta. Todo el mundo habla del embarazo, pero nadie cuenta lo que pasa a partir de que nace el niño. A veces hay complicaciones en la pareja, porque cuando aparece el niño o la niña, lo que sucede es que la mamá y el niño entran en una simbiosis tal que desaparece la pareja, desaparece el padre.

Cuando nace el niño, la mamá tiene que sostenerlo todo el día, darle calor, acunarle, lo protege hasta inmunológicamente. Hasta los 6 meses no empieza a desarrollar su sistema inmunológico. No puede ver tampoco hasta los 20 días. Su sistema de termorregulación corporal tampoco está desarrollado. La madre hace de todo para el niño. Son una sola célula, que llamamos célula narcisística, no son dos. El niño necesita de la madre, sin ella se moriría. La madre está completamente apegada al niño, como si todavía lo llevara dentro de su tripa, aunque esté fuera. Hay un periodo donde se tienen que ir separando y hasta ese momento tienen que estar unidos.

Pero ¿qué ocurre si el niño no tiene madre? La madre es una función, a veces coincide con la madre biológica y otras veces no coincide. Puede ser la monjita o la abuela, el párroco o quien sea. Madre es aquella que nos salva la vida cuando somos un bebé y todavía no estamos preparados para sobrevivir, ésa es la madre.

 

LA FUNCIÓN MADRE Y LA FUNCIÓN PADRE

Uno no sabe que está preparado hasta que no llega el momento. Si uno espera a estar preparado para hacer las cosas, no las va a hacer, hay que hacerlas y ver qué me pasa con eso que estoy haciendo. Solo caminando se sabe dónde se tiene que ir. Esta función madre no solo se ejerce con el bebé que acaba de nacer, sino que hay otros momentos de la vida y otros entornos donde también tiene que ejercer la función madre.

Es una función nutricia, dadora, donde nos ponemos en una posición de ofrecer al otro determinadas cosas de las que sentimos que carece. Por ejemplo, empezamos a tratar al marido como si no supiera o no pudiera, o pensamos que sin nosotras no puede hacer un montón de cuestiones, y resulta que dejamos de hacerlo y el otro sabe hacerlas. Como si fuese la mamá de él. Al final ahí aparecen problemas sexuales porque ¿cómo van a tener relaciones, si ella es para él una mamá?

A veces también es cosa de los hombres, que quieren ser los nenes, quieren ser cuidados, atendidos. También los hombres pueden hacer de madre, son funciones psíquicas que están en todos nosotros, independientemente de que seamos hombres o mujeres. Igual que la función padre, fundamental en el crecimiento, desarrollo y aparición de un ser humano nuevo.

Es muy importante que esté bien instalada en los padres esa función. Tanto él como ella pueden ejercer la función madre y la función padre. En principio estaban la madre y el niño en su célula narcisística. El padre llega y dice: “hijo con tu mamá no, porque mamá es mi mujer con la que he decidido tenerte a ti”. Esto viene a suceder aproximadamente con los 3 ó 4 años del niño. La aparición del padre se produce ahí, no es que no esté antes.

Cuando el niño se da cuenta de que el padre está, lo incorpora en su psiquismo, ¿y qué es lo que incorpora en su psiquismo? Una ley que dice “con mamá no”. Hasta ese momento, el niño, aunque esto les parezca un poco sorprendente, tiene deseos eróticos hacia la madre, está enamorado de ella: la acaricia, la besa, la toca, la abraza, la quiere para él. Es una sexualidad infantil, en ese momento es oral y el niño se comería a su madre; de hecho, se alimenta a través del seno materno. Se toca y le dice: “mira mamá lo que tengo”. Luego llega el padre y dice: “niño, con tu madre no se puede”.

Está muy bien que el niño tenga un hermanito, pero si no está el hermanito, puede jugar con otros niños, aunque lo importante no es eso, sino que la madre le muestre al niño la presencia del padre. Es la madre la que va a desviar por un instante la mirada de su hijo, va a mirar al papá y ahí se produce el fenómeno de la castración simbólica. La madre ya no es omnipotente, necesita de otros.

Cuando aparece la función padre, que les separa, el niño se da cuenta de que la madre y él no son uno, son dos seres diferentes, pero para eso tiene que intervenir el padre. ¿Qué pasa con las madres que son muy opacas? No dejan pasar la presencia del padre o lo desprecian, entonces el niño no se da cuenta de que hay padre, no hay ley. Para él la madre sigue siendo todopoderosa, solo hay madre.

Eso da problemas de comportamiento, en los niños, que a veces solo se descubren en la edad adulta. Se puede leer en el desarrollo psicosexual de esa persona que ha habido un problema de aceptación de la ley. Y se lee por après coup; desde que ha aparecido el problema se puede ver que ahí pasó esto, aunque no todo el mundo después vaya a dar un problema psicopatológico.

No estamos hablando de causas que producen efectos, sino que es desde los efectos que vamos a leer las causas. Eso hace el Psicoanálisis, tiene otro tiempo, no es causalista, no dice que, si eso le ha pasado en la infancia, entonces de adulto le va a pasar esto. Si no, podemos caer en esos discursos donde, si uno ha nacido en una familia conflictiva, después va a ser conflictivo. Al revés, si es conflictivo, sí podemos decir que no hay ley, que algo está pasando con esa metáfora paterna, con el nombre del padre y con la instalación de la función padre en ese sujeto.

Y eso probablemente hace que los problemas de comportamiento de los hijos estén ligados a la propia función padre. También en cada uno de nosotros se tiene que constituir e instalar la función padre para que podamos marcar a nuestros hijos la ley, dónde están los límites, hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no. Los problemas de comportamiento de los niños tienen que ver más con los padres.

Aunque los padres se vayan de viaje y dejen a los niños con un familiar, las funciones tienen que seguir ejerciéndose. Es muy difícil, una vez que uno entra en el mundo de los humanos, salirse, y eso es la psicosis. Todos hemos entrado en el mundo de los humanos, todos nos hemos humanizado, en todos nosotros se ha tenido que instalar esas funciones: padre, madre, hombre y mujer. La primera identificación es a la especie humana. Después ya tendrá que decidirse como hombre y mujer, que es sexual. Las relaciones entre el bebé y los padres son fundamentales en cada uno.

 

ES SALUDABLE SUMAR FUNCIONES

La función padre y madre se producen en esa primera etapa de la sexualidad infantil. La sexualidad en los seres humanos se genera en dos grandes fases: hay una primera fase de sexualidad infantil y una siguiente fase de sexualidad adulta separadas por un período de latencia, en torno a los diez años.

Es importante saber que, cuando uno comienza una aventura como es la paternidad o la maternidad, no puede abandonar absolutamente en ningún caso su ser hombre o ser mujer. No podemos abandonarnos y entregarnos solamente a la función padre o madre. Tenemos que sumar a nuestras relaciones parentales las relaciones de pareja, porque son los pilares de la familia.

Por ejemplo, una madre que se dedica únicamente a sus hijos y abandona su ser mujer, a la larga va a producir problemas. Si reprime su ser mujer, reprime una parte de sí misma muy importante. Nuestro éxito personal, social, profesional, depende de la manera en que se trabajan las 4 posiciones psíquicas en cada uno.

Un hijo viene a sumar, nunca viene a restar. En ese desarrollo donde descubrimos cómo nos va modificando la entrada de ese ser, hay un periodo de adaptación. Hay que aceptar que el niño llora, duerme más o menos, come, hace sus necesidades, hay que arroparle, atenderle. Todo eso tiene que ser incorporado a la rutina.

Están esas mujeres que, en muchos casos, abandonan su profesión cuando son madres. Si abandono mi profesión puede ser que en un futuro haga responsable a ese niño de haber abandonado yo mi vida. Cuando una mujer hace eso, después lo que les exige a los hijos es que permanezcan a su lado. Ahí también dificulta muchas veces esa salida al mundo, o entrada en el mundo. Los niños son para el mundo, no son de los padres.

Vemos esa patología que llaman “nido vacío”, donde la mujer, después de haber cuidado toda su vida a sus hijos, se queda sola porque abandonó todo por ellos, se abandonó a sí misma. Lo mejor que pueden hacer por sus hijos es no abandonarse, ni en la relación de pareja, ni en la relación profesional. Mostrarles a los hijos que somos capaces de sumar, de incluir cosas nuevas. Los padres, para un bebé, son los pilares, la base de ese desarrollo psíquico.

 

DEJAR CRECER A LOS NIÑOS

A los niños les hace bien que sus madres deseen cosas más allá de él: un trabajo, unas amigas, salir de compras, estudiar, crecer. Si no, enferman, tanto la madre como el niño, se tapona la máquina del deseo del propio niño.

También por la sobreprotección, el exceso de cuidados, de temores… Los niños tienen que correr saltar, subir, caerse, aprender a levantarse. No es tanto que se caiga, sino que aprenda a levantarse física y emocionalmente. Eso solamente lo puede hacer en el mundo, no lo puede hacer al lado de la mamá. La madre, en cuanto se cae, dice “mejor que no vayas más al columpio para no volver caerte”, “ya no vamos al parque más”, “no te voy a dejar jugar con ese amiguito porque te quita los juguetes” …

Hay que intervenir sólo cuando al niño le va a pasar algo: un accidente o algo grave, pero es mejor dejarle cierta libertad, no tiene por qué pasarle nada. Los niños no son tontos. Nos asombramos mucho de ver el crecimiento del niño, decimos “¡cuánto sabe!”. Sabe mucho más de lo que creemos, porque son esponjas.

En cuanto se van haciendo sujetos del lenguaje, van adquiriendo todo el saber del ser humano que, a lo largo de la historia, se ha ido produciendo. El niño, en su proceso ontogenético, en su proceso de crecimiento, adquiere todo eso por el hecho de ser hablante, por ser sujeto del lenguaje. Hay que escucharlo a ver qué dice y uno se sorprende de todo lo que saben los niños. Si uno quiere sorprenderse, porque ése es otro problema, si queremos que los hijos sean a imagen y semejanza de uno mismo, no nos vamos a sorprender nada.

Hasta puede que le lleven a un profesional porque se asombren de lo que dice el niño: culo, teta… cuando son palabras que están en el lenguaje, tiene que aprenderlas, ¿cómo no va a aprender que existen esas palabras?

Los niños saben mucho y hay que dejarles que desarrollen todo su intelecto, su aparato del deseo y del goce. Uno tiene que seguir su vida normal, deseando sus cosas, organizando, sumando amores: amo a mi pareja y amo al niño. Hay que trabajar la propia sexualidad, que sea esplendorosa para que el niño pueda desear, porque sexual es todo lo tocado por la palabra. 

 

CUANDO APARECE UN HERMANITO

Si cuando llegó el primer hijo a la familia se produjo de alguna manera una ruptura de lo que es la relación, una inclusión de un ser nuevo, cuando llega el hermanito ya no solamente es la pareja, ya es la relación con el niño. Posiblemente aparezcan celos, situaciones de conflicto, un montón de afectos que se amplifican en la familia y que, en muchas ocasiones, si no sabemos gestionarlos, podemos caer en situaciones conflictivas. 

El niño puede aislarse de la situación, que es lo que pasa en los celos, para llamar la atención de los padres. Hay que explicarle que papá y mamá quieren a los dos, no solamente quieren al nuevo hermanito, pero que necesita un poquito más de cuidado. Que participe él también en ese cuidado.

Los niños pelean por el amor de los padres. A partir de ese momento sienten que los padres no van a darles todo el amor, cuando los padres pueden darle todo el amor a cada uno porque son seres diferentes con necesidades diferentes. Cuando nos ponemos celosos siendo adultos, muchas veces tiene que ver con esta situación. Y es que los celos adultos hunden sus raíces en los celos infantiles, que todos hemos tenido, respecto a los hermanos. Siempre peleando por el amor de mamá. Luego eso se reproduce en la edad adulta. Son reproducciones de nuestros deseos infantiles que quedan en germen, están siempre inconscientemente.

Por otro lado, aunque el niño pida un hermanito, no es que haya que dárselo porque lo pida. Quizá está pidiendo un poco de separación de los padres. Los niños necesitan su espacio para crecer y, a veces, los padres no dejan crecer a los hijos. Los niños, cuando son pequeños, son como placas sensibles: lo toman todo, aunque no hablen. Aunque sean bebés, lo van absorbiendo todo en todo momento, todo les deja impacto.

Sobre esas huellas que van quedando, se monta después el psiquismo de la persona. Si el niño ha visto las discusiones en los padres, interpreta que ésa es la forma de amar y después va a montar sobre esa forma de amar sus futuras relaciones. Es importante que los padres se trabajen, porque es en la familia donde le llega la cultura al niño, lo que impacta, lo que deja las primeras huellas. Eso tiene que ser saludable. Los padres son los primeros amores y modelos de identificación, por eso es importante que la función padre y madre estén bien adquiridas y desenvueltas.

 

DE ADULTOS…

Se pueden llegar a entender algunas cuestiones que les pasan a los adultos en relación a esto, entender los celos desmedidos que tenemos a veces o las situaciones agresivas. O las discusiones reiterativas con la pareja, hay que cambiar la manera de gozar, de concebir el amor y las relaciones.

No todo lo que aprendemos en ese núcleo familiar nos va a servir para el mundo. En el mundo está la familia, pero en la familia no está el mundo. Si nos quedamos solamente con los modelos familiares, y queremos educar a nuestros hijos como nuestros padres nos educaron, a lo mejor ya no nos va bien. A usted le fue bien ese aprendizaje dentro de esa educación, pero a lo mejor a su hijo ya no le sirve, porque todo cambia, hasta nosotros mismos.

Cuando el hijo quiere imitar la educación del padre, también es para estar con mamá “mato al padre”. No tengo ley, porque es querer ponerse en el lugar del padre y eso no se puede, con mamá no se puede. Aunque uno tenga 50 años, porque esas cuestiones no desaparecen de nosotros, se quedan de manera inconsciente y uno se puede sorprender, en su psicoanálisis, con una interpretación de que lo que quiere es ocupar el lugar del papá. Está actuando como si tuviera 4 años en esa relación con papá y mamá.

Hay que incluir simbólicamente en nuestras vidas la ley de castración. Es fundamental para que no necesitemos al policía o al papá todo el rato al lado, para hacer las cosas dentro del orden establecido. Esa ley está en nosotros ya, aunque a veces uno puede hacer como que no está, hacerse el tonto y saltársela, ser un poco perverso. El psicótico ni siquiera la ve, forcluye la ley y construye otra realidad diferente. Cada patología psíquica tiene que ver directamente con la manera de posicionarse frente a la ley.

Padre y madre son funciones psíquicas y están incluidas en todos nosotros, y que hay que desarrollar, además de hombre y mujer. No es necesario tener hijos para poder desarrollar esas funciones. Y si los tenemos, tampoco estamos obligados a duplicar o copiar los aprendizajes o la manera de recibir la educación que hemos observado en nuestros padres. Tampoco hay que huir de los modelos porque, si no, caemos en lo mismo. «Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor», escribió Menassa.

 

INCLUIR EL PSICOANÁLISIS NOS AYUDA

El psicoanálisis mejora muchísimo las relaciones familiares, porque nos acerca al mundo, y la familia forma parte del mundo. Entonces uno es mucho más cordial y comprensivo con el otro. Además, nos ayuda a aceptar las diferencias, a incluir otros seres humanos…

También ayuda a separar lo que pensamos de las cosas, de la realidad de las cosas. Porque, cuando uno no habla, no conversa, no sabe hablar con el otro, es cierto que vive, pero en frases fantasmáticas. Habla con sus fantasmas internos, no habla con el otro, y siempre es mucho más sano hablar con el otro, aunque nos moleste, aunque piense diferente a uno, aunque venga a indicarnos que estamos equivocados… Eso es más sano que estar convencido de que uno tiene el saber absoluto. Lo más importante de nosotros está fuera de nosotros.

Si el problema está en la madre, que no puede incluir al padre, es importante que la madre tenga salud mental, trabaje para su salud mental. El padre también, los dos. Cuando decimos salud mental no decimos que estemos locos. La mente es un aparato que influye en nuestra cotidianeidad, en nuestra vida diaria, en todo lo que hacemos:

En nuestra curación y en nuestra enfermedad; en nuestras relaciones sexuales, profesionales, personales, en cómo nos llevamos con los padres, los hermanos; en mi sufrimiento, en mi padecimiento, en mi capacidad de disfrutar la vida… En todo está incluido el psiquismo.

Entonces, no es que seamos enfermos, es que debemos tener en cuenta lo psíquico en nuestra vida, no negarlo como si no existiera. Y eso nos da salud, nos acerca a una normalidad psíquica.

La salud es una cuestión de cantidad. Hay que aprender a manejarse en términos cuantitativos. Si ante una noticia yo me pongo histérica, pues no es lo mismo que si digo “bueno, voy a ver qué puedo hacer en la realidad para transformar esta noticia que me han dado, que no me gusta nada”. Aceptar la realidad para poder transformarla, ésa es la salud.